comer con sofía es nutrirse con sabiduría
cosas de una alimentista

Arnau de Vilanova

De Catoblepas he seleccionado unos fragmentos de D. José Ramón San Miguel en el que explica la obra de Arnau de Vilanova, uno de los primeros en aplicar la dietoterapia en occidente. El médico valenciano pertenecía a la familia de ilustres profesionales, que durante la Edad Media española y en sus tres culturas tuvo sobre los soberanos un mayor ascendiente. Era médico de palacio, lo mismo que los judíos en las cortes de cristianos o musulmanes, o los árabes que asistían a su califa. Entre los latinos era Arnau indiscutiblemente la figura más eminente, y entre todos los físicos medievales quien tenía una vida y unos conocimientos más variados. Era médico de cabecera de los monarcas de la corona de Aragón, primero de Pedro III, de Alfonso el Liberal, de Jaime II de Mallorca, su mujer y sus hijos. Pero su nombre ya empezaba a ser conocido en todas las cortes de occidente, y en los mismos palacios de los papas de Roma. Arnau alternaba además la práctica de la medicina, sobre todo ahora en Montpellier, con escritos sobre los temas centrales de su arte. Su tratamiento y diagnóstico de las enfermedades era amplísimo, y abarcaba desde la técnica de la sangría al cuidado de las fiebres en general y más especialmente las periódicas, la gota, los síntomas de la lepra, la prevención de los catarros, la taquicardia o la epilepsia. Además había tratado por escrito asuntos inéditos por su novedad como la salud de la memoria o el método para conservar la juventud y retardar la vejez. Y gracias a sus conocimientos del árabe, había traducido al latín desde la versión de los orientales al latín los opúsculos de Hipócrates, Galeno y Avicena, con lo que su experiencia clínica un se enriqueció con un dominio de la historia antigua y medieval. El maestro se había dedicado sobre todo a la ciencia médica empírica, y completaba esta rigurosa preparación teórica, con la práctica de su arte, y con la predisposición en contra de todo conocimiento puramente especulativo. En este sentido pensaba que su escrito de biología filosófica no pertenecía a la medicina, pues ni sirve para diagnosticar las enfermedades ni ayuda a curarlas, y sólo es una ilustración del primer principio de que se compone el organismo. En cambio consideraba que eran propios de la técnica de curación, o por lo menos la prolongaban, disciplinas aparentemente tan lejanas como los posibles desarrollos de la higiene y la farmacologíaArnau cultivó los aspectos más prácticos de su arte desarrollando tratados de medicina en su Régimen de Salud –en principio escrito a petición del rey de Aragón, pero muy pronto difundido por toda Europa– en sus aforismos sobre sustancias dañinas, curativas o preventivas de las enfermedades, o en su escrito sobre cuanto es saludable o nocivo a los miembros vitales. Además se detuvo en temas más concretos, como los vinos, las aguas medicinales, los tóxicos, la higiene a seguir en las enfermedades agudas y hasta el régimen alimenticio de los cartujos. Pero lo que confirmaba todavía más este carácter empírico y práctico fueron sus exposiciones de farmacología, en especial la dosificación de las medicinas, un paso decisivo para tratar un aspecto hasta él muy poco atendido, el método para preparar alimentos y bebidas en caso de enfermedad aguda, y los tratados sobre los antídotos o sobre los medicamentos simples. En uno de sus últimos escritos sobre los objetivos de los médicos, subrayó ya de forma expresa esta dirección pragmática de su oficio y magisterio.

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