En el fondo de la garganta conversando con las amígdalas y la campanilla está la sed. Usted la siente y en imperativo se presentan la urgencia y la desesperación. Pero la próxima estación está a media hora de su constante posición geográfica. No se desespere, recuerde que en el bolsillo ha quedado un paquetito de caramelos de mentol. Lentamente, meta la mano en el bolsillo de la gabardina, mientras se balancea inconsciente con el movimiento del tren. El tren, la gabardina, los caramelos y usted son uno mismo, pero no las monedas del cambio que se agitan en el bolsillo opuesto.
Volvamos a los caramelos, introduzca los dedos en la bolsita, en el bolsillo. Elija aleatoriamente el primero que su tacto descubra. Retírelo tratando de que el papel no cruja demasiado. No es de educación llamar la atención cuando se va a comer en un lugar público. Examine el pedacito de alivio inmediato que tiene entre sus dedos. Tome cada extremo del envoltorio entre el pulgar y el índice de cada mano. A la cuenta de tres, veloz y muy discretamente haga girar los extremos a fin de liberar el cristal azul. En caso de que alguien lo observe, distraiga la mirada al paisaje que va quedando atrás y sin esperar más introduzca el pequeño cubo entre sus labios.
El primer golpe de sabor será instantáneo. La convulsión de la sed hará que las ganas de morder el caramelo sean incontenibles. Cuando lo haga, porque es seguro que lo hará, abrirá automáticamente los labios en un suspiro inverso, este procedimiento permitirá que una bocanada de aire extrañamente gélido ingrese a sus pulmones. Es probable que aquí, una o dos lágrimas bañen sus mejillas, como pasaría si hubiese mordido un gran coágulo de salsa picante.
Aguante, trate de calmarse y soportar esta sensación algunos segundos. El alivio es ahora todo suyo y hasta puede sentir las notas dulces mezcladas con el mentol en toda su boca y hasta su nariz. Es natural que ahora sonría y suelte bocanadas de aire para probar y jugar con su dulce y nuevo aliento. Quince minutos después, el vicio estará instalado en sus manos y su boca y probablemente no parará de repetir toda la operación hasta vaciar la bolsita.
Cuento de Julio Cortázar
Volvamos a los caramelos, introduzca los dedos en la bolsita, en el bolsillo. Elija aleatoriamente el primero que su tacto descubra. Retírelo tratando de que el papel no cruja demasiado. No es de educación llamar la atención cuando se va a comer en un lugar público. Examine el pedacito de alivio inmediato que tiene entre sus dedos. Tome cada extremo del envoltorio entre el pulgar y el índice de cada mano. A la cuenta de tres, veloz y muy discretamente haga girar los extremos a fin de liberar el cristal azul. En caso de que alguien lo observe, distraiga la mirada al paisaje que va quedando atrás y sin esperar más introduzca el pequeño cubo entre sus labios.El primer golpe de sabor será instantáneo. La convulsión de la sed hará que las ganas de morder el caramelo sean incontenibles. Cuando lo haga, porque es seguro que lo hará, abrirá automáticamente los labios en un suspiro inverso, este procedimiento permitirá que una bocanada de aire extrañamente gélido ingrese a sus pulmones. Es probable que aquí, una o dos lágrimas bañen sus mejillas, como pasaría si hubiese mordido un gran coágulo de salsa picante.
Aguante, trate de calmarse y soportar esta sensación algunos segundos. El alivio es ahora todo suyo y hasta puede sentir las notas dulces mezcladas con el mentol en toda su boca y hasta su nariz. Es natural que ahora sonría y suelte bocanadas de aire para probar y jugar con su dulce y nuevo aliento. Quince minutos después, el vicio estará instalado en sus manos y su boca y probablemente no parará de repetir toda la operación hasta vaciar la bolsita.
Cuento de Julio Cortázar
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